El 15 de agosto en Villatalla

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Nuestra Señora de las luces (Henri Charlier)

Cada año, el quince de agosto, fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María y cumbre marial del año litúrgico, los monjes benedictinos de la Inmaculada renuevan solemnemente su consagración a María.

El Prólogo de nuestras Constituciones, aprobadas por la Santa Sede el 25 de marzo pasado, precisan que los benedictinos de la Inmaculada quieren unir a la irremplazable herencia monástica y litúrgica recibida de sus Padres una entera consagración al Corazón Inmaculado de María, “porque las virtudes que deben constituir lo esencial de nuestras sociedad, decía el Padre Muard, son las virtudes por excelencia del Corazón de Jesús y del de su santa Madre”. Fiel a esta herencia, el 22 de agosto de 1986, Dom Gérard renovó solemnemente e irrevocablemente la consagración de la comunidad y de todos sus miembros al Corazón Inmaculado de María considerado como el ideal perfecto a imitar. Con el fin de hacer más manifiesta y eficaz esta consagración marial por la cual se convierten en la “propiedad absoluta” de María, los monjes de Villatalla quieren adoptar el nombre de “Benedictinos de la Inmaculada” y hacer que su vida de oración, lectura y trabajo manual sea impregnada de su espíritu hasta el punto de que Ella reviva en ellos. Por esto, todos los días, los monjes benedictinos de la Inmaculada renuevan, en particular, su consagración y  cada año, el 15 de agosto, el Padre Prior la relee solemnemente de rodillas con su comunidad a los pies de la Virgen de la medalla milagrosa.

He aquí este texto compuesto por Dom Gérard y un poco retocado en razón de circunstancias particulares; él une a una elevación espiritual del pensamiento una expresión literaria de inigualable belleza:

“Oh María, nuestra soberana y tierna Madre, cuyo Corazón purísimo, herido de amor, arde por cada uno de nosotros con una ardentísima caridad, mirad a vuestros hijos que tienen en este día un sentimiento de profunda gratitud por tantas gracias recibidas y de confianza inquebrantable por la dulce y poderosa protección que su debilidad, rodeada de tantos peligros, se atreve a esperar de vos.

“Ved nuestra joven comunidad de hermanos cuya confianza filial reclama vuestra asistencia; Ved de cuántos peligros nos amenaza el estado del mundo y de la santa Iglesia, y no permitáis jamás que se debiliten en nosotros la vida interior, el espíritu sobrenatural, la ortodoxia de la fe, el amor de la doctrina, el gusto por la soledad, la humildad de corazón y la caridad fraterna. Haced que nuestra comunidad sea siempre fiel al espíritu de nuestro Padre Muard, vuestro ardiente servidor, que propuso a todos los miembros de su familia religiosa “las virtudes del Corazón de Jesús y del Corazón de María” como una inmensa reserva de gracia y de amor de la que podemos sacar hasta el fin de nuestros días la fuerza de abrazar “una vida humilde, pobre y mortificada”.

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Dom Gérard … ¡ con 48 años !
“El monje es un niño que no se admira de nada y que se maravilla de todo”

“No permitáis jamás que nuestra inexperiencia nos asuste y nos haga retroceder. Dadnos un corazón dulce y fuerte de suerte que jamás ningún éxito nos exalte ni ningún revés nos destruya. Haced que, no siendo nada por nosotros mismos, pongamos toda nuestra gloria en depender de vos, semejantes a estos niños que vuestro Hijo propuso como ejemplo a sus discípulos: estos niños que ven en todo acontecimiento la mano de su Padre celestial, que no se extrañan de nada y que se maravillan de todo.

“Hacemos nuestro para siempre el deseo de nuestros fundadores de considerar como vuestro modelo vuestro Corazón Inmaculado “ pues él es el tipo perfecto de los dos caracteres de la Obra: vida interior e inmolación”.

“Os suplicamos que apartéis de nosotros el mal del orgullo, la sed de poder, la atracción de los placeres y de las grandezas de este mundo.

“Que jamás el demonio siembre entre nosotros la cizaña de la discordia o de la envidia, sino que reine sin cesar en las filas de nuestra familia monástica la paz sobrenatural, el espíritu de sacrificio, la humildad de corazón y el perdón de las ofensas.

“Haced, oh dulce Virgen María, que los pobres sean siempre acogidos por nosotros con ternura como enviados de Dios pero que el espíritu del siglo, los ataques del cisma y de la herejía se estrellen contra nuestros muros sin penetrar jamás hasta nosotros.

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La renovación de la consagración ante la Virgen de la medalla milagrosa

“Con este fin os pedimos la gracia de mantener siempre sin defecto la doble muralla de la santa Regla y la santa Liturgia como los mejores garantes de la más pura fe católica y de la más alta santidad.

“Oh dulcísima y fortísima Virgen María, nuestra madre amadísima, persuadidos de nuestra incapacidad para realizar este programa por encima de nuestras fuerzas, consagramos hoy solemnemente e irrevocablemente a vuestro Inmaculado Corazón nuestra comunidad, nuestras famillas, nuestros oblatos, nuestros amigos y bienhechores; Os damos todo. Todo es vuestro, todo es para vos en nuestros pensamientos, nuestros afectos, nuestros deseos, nuestros proyectos.

“Unidos por un pacto tan solemne, oh María, queremos permanecer sumergidos en vuestro Corazón purísimo como en un océano de vida interior y de caridad, confiados en recibir de vos todas las luces y la gracias necesarias para amaros y para haceros amar, de suerte que la vida de vuestro Hijo se manifieste en nosotros para la gloria del Padre en la unidad del Espíritu Santo”.

¡ Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos ! (tres veces)


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